Siempre se dice que una puerta se deja entreabierta, pero yo estoy dejando una puerta entrecerrada. Intento cerrar el ciclo, hoy precisamente intento que se cierre el ciclo, porque hoy hace un año que mi madre no está.
Quiero cerrar la puerta, pero hay algo dentro que no me deja. Parece que si la cierro la voy a olvidar y es lo último que quiero, olvidarla. Por eso la dejo entornadica, para que entre y salga su recuerdo cada vez que quiera, ya sea para llenarme el corazón de cosas buenas que viví a su lado o para vaciarme el pecho a base de añoranza.
El dolor no ha desaparecido, ni creo que desaparezca...sin embargo es un dolor más pausado, más calmado, tal vez más resignado...En los momentos buenos y malos del día a día aparece una punzada en las costillas que me recuerda que no está para contárselo, ni lo bueno ni lo malo, que ya no interactua conmigo, que ya no se parte de la risa cuando le cuento mis cosas... Nadie se rie como mi madre cuando hago la payasa.
Espero que donde esté, tenga una ventanita por la que vea las cosas buenas que nos pasan y así se alegre. Pero no quiero que vea por esa ventana la pena tan grande que nos ocasiona su ausencia, porque se sentiría culpable y muy mal por no poder hacer nada.
Te echo mucho de menos mamá y no me quiero despedir de ti. Quiero pensar que siempre vas a estar conmigo, porque es lo que necesito, estar un ratito contigo, sólo un ratito mamá, que me hables y que me digas que te parece todo lo que ha pasado en este año...

Quiero cerrar la puerta, pero hay algo dentro que no me deja. Parece que si la cierro la voy a olvidar y es lo último que quiero, olvidarla. Por eso la dejo entornadica, para que entre y salga su recuerdo cada vez que quiera, ya sea para llenarme el corazón de cosas buenas que viví a su lado o para vaciarme el pecho a base de añoranza.
El dolor no ha desaparecido, ni creo que desaparezca...sin embargo es un dolor más pausado, más calmado, tal vez más resignado...En los momentos buenos y malos del día a día aparece una punzada en las costillas que me recuerda que no está para contárselo, ni lo bueno ni lo malo, que ya no interactua conmigo, que ya no se parte de la risa cuando le cuento mis cosas... Nadie se rie como mi madre cuando hago la payasa.
Espero que donde esté, tenga una ventanita por la que vea las cosas buenas que nos pasan y así se alegre. Pero no quiero que vea por esa ventana la pena tan grande que nos ocasiona su ausencia, porque se sentiría culpable y muy mal por no poder hacer nada.
Te echo mucho de menos mamá y no me quiero despedir de ti. Quiero pensar que siempre vas a estar conmigo, porque es lo que necesito, estar un ratito contigo, sólo un ratito mamá, que me hables y que me digas que te parece todo lo que ha pasado en este año...

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