martes, 6 de julio de 2010

OTRA VEZ NECESITO AL GUERRERO DE LA LUZ

Dice así el Brevario de la Caballería Medieval:


"La energía espiritual del Camino utiliza la justicia y la paciencia para reparar tu espíritu. Éste es el camino del Caballero: un camino fácil y al mismo tiempo difícil, porque obliga a dejar de lado las cosas inútiles y las amistades relativas. Por eso, al comienzo se vacila tanto antes de conseguirlo. He aquí la primera enseñanza de la caballería: tu borrarás lo que hasta ahora habías escrito en el cuaderno de tu vida: inquietud, inseguridad, mentira y escribirás en lugar de todo esto la palabra Coraje. Comenzando la jornada con esta palabra y siguiendo con la fe de Dios, llegarás hasta donde necesitas"


domingo, 4 de julio de 2010

Y DOS AÑOS.

Julio siempre empieza igual desde hace dos años.

El calorcito de finales de junio y principios de julio me recuerda a los días previos a la muerte de mi madre. En concreto he rememorado mucho, casi como si lo estuviera viviendo, el último día que mi madre estuvo semiconsciente, porque a partir de esa tarde entró en un estado de coma en el que yo ya no la reconocía.

Cuando llegué al hospital a mediodía en la habitación estaban ella y mi padre sólos. Mi padre la tenía agarrada de la mano y le acariciaba la cara como intentando agarrarla para que no se fuera. Yo le di un beso en la frente y aspiré profundamente para quedarme con su olor bien dentro. Entonces se despertó y se puso inquieta... quería levantarse a toda costa, pero no podía porque a parte de faltarle las fuerzas, estaba sondada. Le decíamos que no podía levantarse, que esperara un poco que vendría la enfermera a ayudarnos. Yo no paraba de llamar al timbre para que vinieran para que le pusieran algo que la tranquilizara, pero estaban en todo el cambio de turno y todo les molestaba. Así que me limité a estar con mi padre a su lado, agarrándola y viendo cómo se le caían las lágrimas de la impotencia de no poder levantarse... al rato vino una enfermera, pero porque fuí al control a pedirles por favor que vinieran. Una de ellas estaba protestando porque por el interfono no les decía qué era exactamente lo que quería. Le dije que fuera un poco más discreta a la hora de protestar y que vinieran a sedar a mi madre de una puñetera vez...

Cuando todo pasó, ella se quedó más tranquila. Mi padre se sentó al lado de ella sin soltarle la mano y tras la visita de uno de nuestros ángeles de la guarda que terminaba su turno mi padre me obligó a que comiera... yo tenía el estómago totalmente cerrado y la boca seca a más no poder, la lengua parecía papel de lija, pero me callé e hice el esfuerzo, porque cuando todavía estaba mi madre consciente me dijo que comiera, que no dejara de comer... el menú era un tetrabrick de gazpacho y una pescadilla a la murciana. El gazpacho me supo a petróleo y la pescadilla se me hacía bola y se atascaba en la garganta mientras miraba la desolación de mi padre y cómo mi madre se iba poco a poco...

Mamá, el calor de julio me recuerda cómo te fuiste, los olores de julio son olores de tragedia, de desgarro...el sabor del gazpacho me sigue recordando al petróleo, pero siempre que llega el calor me lo compro pensando en que es lo más fácil de comer cuando no tenga hambre y así hacerte caso y seguir comiendo o tal vez querías decir creciendo??

Mamá, el calor de julio me quema muy dentro, me abrasa el alma. Ya el calor de julio no me suena piscina, cequeta en La Algaida, ni siesta en el suelo contigo a mi lado y a oscuras. Julio ya no son vacaciones, alegría y verano. A mí julio se me tiñe de negro ausencia, profundo y largo. Tan largo como dos años sin ti.