Recuerdo una noche que yo estaba durmiendo en la casa vieja y vino mi madre en plena noche, encendió con cuidado la lámapra de la mesita, se sentó en el borde de mi cama y me acarició la cara y empezó a besarme. Cuando atiné a despertarme le pregunté qué pasaba, que por qué me despertaba de madrugada. Con los ojos todavía brillándole me preguntó si me encontraba bien. Le dije que sí, que estaba bien durmiendo a pata suelta... Me contó que había tenido una pesadilla, que soñaba que me moría y que me ponía muy blanca y muy fría y se había despertado y fue corriendo a cerciorarse de que sólo había sido un mal sueño. Se metió conmigo en la cama y dormimos toda la noche abrazadas...
No quiero que se me olvide esa noche... no quiero olvidar la cara de alivio que tenía mi madre cuando comprobó que todo había sido un sueño.