lunes, 1 de diciembre de 2008

DE DUENDES Y HADAS

Tengo en mi casa una duende. Sí, digo bien, una duende, porque sé que es chica... cuida de mi casa y sobre todo del orden y la limpieza. Es como un duende que pone cada cosa en su sitio y busca un sitio para cada cosa. Cuando llego a casa mi duende ha desaparecido, pero se nota que ha estado, que en cada momento sabía perfectamente lo que tenía que hacer y lo ha hecho con cariño y atención. Este duende también dió mimitos a mi madre y la amó casi como si fuera suya, eso es un mundo... Mi duende vigila mi desorden y me malcría en ese aspecto hasta que me avergüenzo de mi desastre y no me queda otra que corregir mi aptitud y darle la razón y excusas baratas...

También hay en mi vida un hada. La conocí en un momento nefasto de mi existencia y me concedió el deseo de volver a recuperar la ilusión y las riendas de mi vida. Primero fue una relación meramente profesional, pero siento que se ha convertido en algo más. He tenido que recurrir a mi hada de nuevo cuando todo se vino abajo y otra vez me ha guiado por el enrevesado mundo de los sentimientos y la sinrazón. En esta segunda caida las dos sabemos que no lo vamos a superar, pero, casi de la mano, entendemos que tenemos que vivir con ello. Aprendemos a vivir con la ausencia. Creo que yo también he ayudado a mi hada un poquito, pero en proporción a lo que ella ha hecho por mí, no he llegado ni a cuarto y mitad de ayuda.


Gracias al cielo, en mi vida hay más hadas y duendes y es por ellos por lo que se mantiene la magia en el universo.

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