También hay en mi vida un hada. La conocí en un momento nefasto de mi existencia y me concedió el deseo de volver a recuperar la ilusión y las riendas de mi vida. Primero fue una relación meramente profesional, pero siento que se ha convertido en algo más. He tenido que recurrir a mi hada de nuevo cuando todo se vino abajo y otra vez me ha guiado por el enrevesado mundo de los sentimientos y la sinrazón. En esta segunda caida las dos sabemos que no lo vamos a superar, pero, casi de la mano, entendemos que tenemos que vivir con ello. Aprendemos a vivir con la ausencia. Creo que yo también he ayudado a mi hada un poquito, pero en proporción a lo que ella ha hecho por mí, no he llegado ni a cuarto y mitad de ayuda.

Gracias al cielo, en mi vida hay más hadas y duendes y es por ellos por lo que se mantiene la magia en el universo.
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