martes, 30 de marzo de 2010

YA ES PRIMAVERA


El anuncio de la primavera en El Corte Ingles de este año es genial. Todos teníamos ganas de que saliera un rayo de sol para quitarnos los jerseises y ponernos a que nos acariciara la piel...Y la cancioncita ni os cuento. A mí se me mete en la chola con una rapidez impresionante.

Pero cuando llega la jodida primavera a mi se me revoluciona algo por dentro. Conmigo se cumple el dicho de que la primavera la sangre altera al 100%. Tengo esa maldita sensación en las tripas de que todo se va al carajo. Temo que pase algo grave en cualquier momento y por mucho que intento huir de los pensamientos negativos estos vuelven y giran dentro de mi cabeza en una espiral infinita que me lleva a lo más hondo del pozo de la ansiedad. Porque a mí no se me disparan las hormonas, se me dispara la odiosa ansiedad. Lo más leve me pone a mil quinientas revoluciones por minuto sin poder parar, porque la ansiedad ya estaba ahí antes de que ocurriera nada.

Esta noche ha sido el colmo. Me he acostado después de dar una cabezada en el sofá, en la cama me he vuelto a dormir plácidamente y cuando me he removido para terminar de colocarme me he despertado con una mala hostia que podría haberme comido a bocados al pobre de mi Macho que estaba tan tranquilo durmiendo y ya no puedo pegar ojo. Así que es la 01:00 de la madrugada, el despertador tocará sin piedad a las 6:15 y yo aquí haciendo terapia.

Lo mío no es normal. No es normal que llegue el buen tiempo, que haga una temperatura agradable, que en la calle se huela a azahar y que mi cuerpo esté haciendo los 100 metros lisos por su cuenta, que tenga la sensación de llevar una losa de 1000 kilos encima del pecho, que mi respiración esté totalmente alterada, que esté tan alerta que el ruido de unas llaves abriendo la puerta me peguen el pasmo del siglo, que tenga un hambre voraz pero me siente delante del plato y el estómago se me haga un nudo...

Y mira que me gusta el olor a azahar. Mientras que siento como el aroma me penetra hasta el último de los alveolos de mis pulmones es una sensación mágica, pero cuando suelto todo el aire que he metido, me invade una extraña sensación de terror. Como si eso de lo que estoy disfrutando tan profundamente no fuera bueno. Como si todo ese bienestar que me transmite ese olor se fuera a convertir en algo terrible inmediatamente.

En este estado de nervios, cualquier pequeñez se me hace insalvable y me planteo seriamente si merece la pena enfrentarme a nada del día a día, enfrentarme al despertador, a la ducha, al tráfico, al trabajo, a la familia...

Si yo pudiera hibernaría durante la primavera.

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