La semana pasada fue una semana para olvidar... La motivación y la ilusión la llevaba por el subsuelo. La palabra era frustración, me sentía totalmente frustrada sobre todo con el trabajo. Cada vez soporto peor el aburrimiento y la tediosidad de mis funciones y todo empeora cuando el ambiente en el que me muevo es de personas con palos de escoba metidos por el culo. Por mi empresa en general hacen falta camiones y camiones de All Bran para desatascar tanta gilipollez acumulada con el paso de los años en el tracto intestinal.
El que más o menos me conoce sabe que necesito hablar y reirme de vez en cuando para llevar bien la vida. Y de lo que más falta en mi trabajo es sentido del humor...pero bueno, a lo que iba, que estaba con un bajón de los buenos, de los importantes, de los que te animan a no salir de la cama ni para mear, con ganas de llorar por doquier y con un sentimiento de inutilidad muy fuerte que no me dejaba apreciar ninguna cosa positiva que pasara por mi lado.
Así que el jueves empecé una terapia de choque que nunca me falla. Para cenar me cociné unos huevos fritos con su correspondiente puntillita con patatas fritas, pan y queso. Eso siempre me ha levantado la moral. Siempre he visto el mundo de otra forma al día siguiente de suministrarme este preparado terapéutico. Desgraciadamente no fue suficiente. Normalmente mi madre sabía que me pasaba algo nada más enpezar a cascar los huevos para freirlos, entonces se sentaba a mi lado mientras me lo comía y hablábamos de lo que me pasaba.
Mi estado era crítico, así que el viernes por la tarde me fuí a la peluquería y me transformé el pelo lo más posible, para verme estilosa y maravillosa. La peluquería es otra de esas cosas que a mí me dan un subidón del carajo y así fue. Me corté y me tinté como un personaje Manga y esperé comentarios con la mejor de mis sonrisas...sobre todo sonrisas, me partía de la risa de ver la cara de mis familiares al verme y sobre todo la cara de entusiasmo de mi Macho cuando me vió, no tenía precio. Así que genial! Pero faltaba todavía un puntito de alegría para el cuerpo y viernes por la noche me metí entre pecho y espalda una magnífica hamburguesa con toda la marranería correspondiente.
Mi estado era crítico, así que el viernes por la tarde me fuí a la peluquería y me transformé el pelo lo más posible, para verme estilosa y maravillosa. La peluquería es otra de esas cosas que a mí me dan un subidón del carajo y así fue. Me corté y me tinté como un personaje Manga y esperé comentarios con la mejor de mis sonrisas...sobre todo sonrisas, me partía de la risa de ver la cara de mis familiares al verme y sobre todo la cara de entusiasmo de mi Macho cuando me vió, no tenía precio. Así que genial! Pero faltaba todavía un puntito de alegría para el cuerpo y viernes por la noche me metí entre pecho y espalda una magnífica hamburguesa con toda la marranería correspondiente.
Despues de este tratamiento de choque, el fin de semana ha sido de lo más placentero. He cocinado cosas nuevas, he pasado tiempo con mi familia y con mis amigos. La familia y los amigos fueron la guinda del pastel para volverme a la realidad y volver a dar gracias a la vida por todo lo que me sigue dando.
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